Miguel Marín Acoto, una conversación más allá del tiempo / Por José Hermilo Amezcua Domínguez

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Las nuevas generaciones quizás no lo recuerden, pero quienes son amantes de la historia del futbol mexicano, lo colocan en un lugar de privilegio, un lugar que hasta el momento nadie ha superado.

En 1971 llegó de Argentina para defender la portería del Cruz Azul y con sus grandes actuaciones terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más emblemáticos del club cementero. Le decían el Gato, pero sus grandes atajadas bajo los tres postes hicieron que el gran Ángel Fernández lo bautizara como Superman.

Como es nuestra costumbre, pedimos permiso a las autoridades celestiales para que Miguel Marín Acoto nos regale una entrevista para mostrársela a nuestros amigos lectores.

Sin guantes, sin uniforme y sin la obligación de detener un penalti, Miguel nos recibe y se prepara para responder a nuestras preguntas.

—Miguel, ¿cuándo descubriste que el futbol iba a ser tu vida?

—Desde muy joven entendí que el futbol podía llevarme a lugares que nunca imaginé. Empecé en Argentina, defendí la portería de Vélez Sarsfield donde aprendí que ser portero era una responsabilidad enorme. Todos quieren meter el gol, pero alguien tiene que impedirlo. Y yo disfrutaba ese desafío.

—¿Qué significó para ti llegar a México y encontrarte con Cruz Azul?

—Fue una oportunidad que cambió mi vida. Llegué a un equipo que tenía ambición, jugadores extraordinarios y una afición que quería ganar. Aquí encontré una camiseta que terminé sintiendo como propia. Nunca imaginé que mi historia con Cruz Azul sería tan profunda.

—¿Y cuál consideras el momento más importante con Cruz Azul?

Es difícil elegir uno en especial, pero yo creo que ganar mi primer campeonato de liga en México significó mucho, porque a partir de ahí fuimos un equipo invencible y de época. Tenía compañeros con mucha calidad, talento y disciplina y en la cancha lo demostrábamos.

En la temporada 1971-72, Cruz Azul derrotó 4-1 al América en la final de Liga. Marín levantó el primero de sus cinco títulos ligueros con el club. Aquella victoria también alimentó una rivalidad que se convertiría en uno de los clásicos más importantes del futbol mexicano.

—Alguna ve imaginaste que con tus grandes actuaciones estabas construyendo una leyenda

—No, la verdad yo solo pensaba en ganar el siguiente partido. Nunca imaginé que estaba escribiendo un legado y menos que con el paso de los años sería recordado y querido tanto por los amantes del futbol y de los aficionados cruzazulinos.

—El 23 de mayo de 1976 en el Estadio Azteca viviste un momento insólito cuando anotaste un autogol cuando enfrentabas al Atlante. ¿Cómo viviste ese momento?

—Sí caray, fue un error muy peculiar. Pensé en una jugada y la quise ejecutar y al observar que me había equivocado me arrepentí. Lo malo es que no tuve la habilidad de controlar mis manos y me anoté un gol que siempre será recordado. Fueron días terribles, pero en la portería, como en la vida misma se cometen errores y la misma vida te permite levantar el vuelo y seguir adelante.

—Miguel, en diciembre de 1980, tuviste un problema cardiaco que te impidió seguir jugando y con eso, tu carrera como portero se truncó porque aún tenías mucho futuro. ¿Qué fue lo que pensaste? 

—Sí, fue un golpe muy duro para mí. Jugar era mi vida y me dolió, pero también fue un aviso de que mi corazón no andaba bien y obviamente me afectó y tuve algunos episodios depresivos. Aún así, tuve el privilegio de que mi club me permitiera retirarme dignamente en mi estadio, con mi gente y con mis compañeros.

Fue un 6 de junio de 1981 ante el Guadalajara, cuando simbólicamente le entregue mi suéter a Ricardo Ferrero para cerrar con broche de oro mi carrera como futbolista.

Después de su retiro como jugador, Miguel Marín tuvo una breve etapa como director técnico, pero un altercado con el árbitro Jesús Mercado manchó su nueva actividad y no volvió a dirigir. Con miras al Mundial de México 86, Bora Milutinovic lo llevó como preparador de porteros.

— El tiempo se va terminando y aún me quedan algunas preguntas Miguel. ¿Dejaste algo pendiente con el futbol? y si pudieras volver unos minutos al estadio con tu gente y convivir con tu familia ¿qué harías?

—Por supuesto que volvería a ese estadio que fue mi casa y me volvería a poner mi suéter de lujo para agradecerle a cada uno de mis seguidores los momentos que vivimos juntos y cerraría mis ojos para imaginar cada triunfo y cada campeonato que conquisté con mi equipo.

Con mi familia, trataría de estar más tiempo juntos y decirles que los amé con toda el alma. A mis hijos que se sientan orgullosos de su padre y a Estela, mi esposa, que gracias por todo el apoyo que me brindó siempre.

La charla ha terminado, Miguel camina al infinito. Ya no lleva el suéter, ni el uniforme azul. Solo lleva colgando su legado y lleva consigo la satisfacción del deber cumplido con el pueblo celeste.

El 30 de diciembre de 1991, Miguel Marín Acoto murió a causa de un infarto con apenas 47 años de vida. Desde entonces el arco azul tiene el resguardo de un gato, de un Superman y de un héroe que goza la gloria eterna de la inmortalidad.

El cargo Miguel Marín Acoto, una conversación más allá del tiempo / Por José Hermilo Amezcua Domínguez apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.