Morita y el eterno mal de ilusionarse con poco… / Por José Hermilo Amezcua Domínguez (JHAD)

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Cuando Hugo Sánchez se encontraba en su prime en el futbol español, la imaginaria mexicana sentía que el famoso macho se convertiría en el salvador del balompié azteca e ilusamente se pensaba que México sería una potencia mundial con su presencia en competencias importantes.

Sin embargo, nada extraordinario sucedió. Con Hugo en la selección nada cambió. El nivel fue el mismo a pesar de que Sánchez era un letal delantero en el mundo. Su nivel era altísimo, pero nunca logró colocar al futbol mexicano en una potencia.  Su aportación fue mínima.

Lo mismo sucedió con Márquez y un poco después con Cuauhtémoc Blanco. Ninguno logró elevar el nivel competitivo y, aunque sus carreras individualmente fueron magníficas, en conjunto lograron lo mismo: nada.

En fechas recientes apareció en el firmamento deportivo una nueva figura a quien, de entrada, ya lo están colocando en el mismo nivel de los tres jugadores antes mencionados, y como suele suceder en estos casos, también lo están presumiendo como la nueva figura que sacará a flote al maltrecho futbol nacional.

Es conocido que Gilberto Mora tiene 17 años y posee talento, personalidad y una precocidad fuera de serie. Incluso ya rompió récords importantes, jugó un Mundial y recientemente marcó su primer gol con la selección. Eso nadie se lo puede quitar.

Pero una cosa es reconocer a un futbolista excepcional para su edad y otra muy distinta colgarle la etiqueta de figura mundial antes de que haya construido siquiera una carrera mundial sólida.

Y esta costumbre es endémica en nuestro país. Aparece un muchacho con grandes condiciones y de inmediato, los medios, aficionados y el entorno, lo colocan al nivel de figuras como Sánchez o hasta del propio Messi, para evitar así, el verdadero análisis, donde lo duro y lo tupido es la incapacidad del fútbol mexicano de construir un patrimonio futbolístico colectivo

Mora puede llegar muy lejos. Incluso puede convertirse en una gran figura internacional. Pero eso se demuestra con años de competencia al máximo nivel, continuidad, títulos, rendimiento y evolución.

Aquí el problema no es Morita. El problema está en los medios apasionados y en las ansias permanentes de un sistema que busca héroes por todos lados, sin poner énfasis en los procesos, en la infraestructura y en las mafias que tienen atrapado al futbol. Desde ahí, el enfoque se pierde.

Hoy toca dejarlo jugar, dejarlo ser, dejarlo que se equivoque, dejarlo crecer y después se puede hablar de un salvador futbolístico. No es antes, todo es a su tiempo.

Porque si realmente se desea que Gilberto Mora trascienda, lo peor que se puede hacer es exigirle a un chico de 17 años, que cargue con las culpas, las ilusiones y los fracasos de todo el futbol mexicano.

Morita no necesita que México lo convierta en leyenda. Necesita que México deje de fabricar leyendas antes de tiempo y lo más importante dejar de ilusionarse con tan poco. Una costumbre que permanece viva en el entorno deportivo y social de nuestro país.

El cargo Morita y el eterno mal de ilusionarse con poco… / Por José Hermilo Amezcua Domínguez (JHAD) apareció primero en Reporte 32 MX, El medio digital de México.